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Latinoamérica

La captura de Simón Trinidad, vista desde otro ángulo

. . . . o cómo la guerra sucia empujó a Simón Trinidad al monte, después de que la clase dirigente local y regional hizo exterminar a todo el movimiento Unión Patriótica en Valledupar.

Dick Emanuelsson

Confieso que, sinceramente, no siento la misma alegría de algunos de mis colegas colombianos por la captura de Ricardo Palmera, alias "Simón Trinidad". Los que quieren profundizar la guerra están a la ofensiva.
Llegan congresistas a Colombia y le aseguran al presidente que trabajarán duro para que EE.UU. no vaya a dejar a Colombia desamparada, o mejor dicho, desarmada. De eso no cabe ninguna duda.
Los gringos no visitan los albergues de miles de campesinos desplazados.
Tampoco visitan a los sindicalistas que trabajan desde la clandestinidad porque hay fuerzas oscuras en este país que los tienen en una lista de muerte y los matan con motosierra si los encuentran. Los gringos no les prometen a los sindicalistas de tocar el tema en la comisión de Derechos Humanos en Ginebra, en el mes de abril, para que la OIT tome la decisión de una Comisión de Encuesta para así proteger la vida de los representantes obreros.
No, esos temas sobre la paz y derechos fundamentales de la vida no les interesan al honorable senador republicano John McCain y a sus colegas Susan Collins y Lindsay Graham. A los tres, junto con el presidente de la república, les gusta más ver las instalaciones militares, en las que tanto han invertido los norteamericanos. Por eso, después de la visita en Cartagena (y estoy seguro que tampoco fueron a visitar a los desplazados en el marginal Barrio Nelson Mandela) visitaron la base de la Policía Antinarcóticos en Santa Marta.
Dos mesas del intercambio: Uribe y Bush contra Marulanda Según El Tiempo (040112), "muy probablemente resulte en petición de extradición" el jefe guerrillero Simón Trinidad, según el ultraconservador senador John McCain.
Sin duda esto complicaría aún más el tema del intercambio humanitario. De pronto podrían ser dos mesas de negociación: una con el gobierno de Uribe y la otra con Bush, tratando de sacar a sus hombres de la inteligencia militar que cumplieron tareas de espionaje, según el general Mora (r), cuando fueron derribados en su avión. Si Simón Trinidad es extraditado a Estados Unidos, lo más lógico sería que Manuel Marulanda lo exigiera canjeado por lo menos por uno de los tres gringos de la CIA, capturados en el Caquetá en el febrero del año pasado por las tropas guerrilleras.
Pero no era ese tema que quería tocar, sino una parte de la verdadera hoja de vida de Simón Trinidad y sus compañeros de lucha política en la ciudad de Valledupar 20 anos atrás. Porque fue ahí donde todo comenzó y que terminó, hasta ahora, en la cárcel por el dirigente político y militar.
La "gran" prensa se ha impresionado por la hoja de vida de Trinidad. Hasta el fiscal general de la nación se ha visto afectado por la sangre que corre en las venas de este hombre, fornido y "tan simpático", según mis colegas colombianas. De pronto es por eso que los viejos editorialistas le han dado duro en columnas y editoriales. Pero la realidad, que no se cuenta en la prensa, cuyos dueños son los mismos que hicieron todo para cuestionar el proceso de paz, es bastante diferente.
"El Baile Rojo" Es cierto que Trinidad viene de una familia aristocrática. Eso ya lo sabemos y estamos hartos de escuchar y ver cronogramas sobre "el árbol familiar" de este señor todos los días. Ayer, domingo 12 de enero, El Espectador, cuyo dueño es Santodomingo, el mismo que realiza cacerías de brujas contra los sindicalistas en su cervecería Bavaria (la afiliación, después un régimen de terror patronal, se ha reducido de 6.500 a 650 afiliados en dos años), hace notar en 8 líneas de una columna de una página completa, que Trinidad fue capturado en 1986 (en realidad lo fue en 1987), después del paro campesino en una plaza en Valledupar. El reportero, Juan David Laverde Palma, "enviado especial", utiliza una página completa (dos tabloides) para contarnos "comida añeja", como las calificamos en Suecia: noticias que no traen absolutamente nada nuevo.
Y la pregunta que el colombiano se hace, que nadie hasta ahora ha respondido: ¿Por qué un señor con buen trabajo, salario, títulos y estudios entrega su vida a la lucha armada como revolucionario profesional? Sé que sí hay colegas colombianos a mi alrededor que por supuesto saben la historia de Trinidad, pero no tienen libertad profesional para publicarlo.
Unas semanas antes de la captura de Trinidad se publicó el libro "Memoria de los silenciados - El Baile Rojo", por el autor Yezid Campos, un antropólogo, fotógrafo y documentalista. El libro fue lanzado en Bogotá a mediados de diciembre 2003, junto con un documental con el mismo nombre. Son relatos de personas que eran militantes en el movimiento político Unión Patriótica y que cuentan cómo el Estado colombiano transformó a este movimiento en un esqueleto, físicamente erradicado de la tierra.
No permitir una tercera fuerza política Ricardo Palmera se integró a ese movimiento junto a miles de colombianos, sobre todo de las clases populares. Palmera fue uno de ellos que entendía que Colombia necesitaba romper con las raíces semifeudales para avanzar y modernizarse en todos los niveles.
Imelda Daza Cotes también estuvo en el movimiento en Valledupar, junto a Ricardo Palmera. Imelda pertenece una de las tres categorías de militantes upecistas, los exiliados. Actualmente se encuentra en Suecia, tierra mía, que le ha dado protección y un lugar donde no corre el peligro de ser alcanzada por los que fueron alcanzados de la categoría dos: los asesinados de la UP.
Cuenta Imelda en el libro: "El plan macabro de exterminio de la Unión Patriótica golpeó durísimo al Cesar (el departamento donde Valledupar es capital, nota del redactor). Uno no se explica por qué, pues nosotros ni siquiera alcanzamos a desarrollar tanta actividad, fueron escasos tres años, no más".
El relato de cuando la UP iba a oficializarse en el Cesar, de pronto explica el porqué estaba ya tomada la decisión de no permitir una tercera fuerza política al lado del bipartidismo liberal-conservador. Imelda, Ricardo Palmera y otras personas en Valledupar pertenecían al movimiento político de Luis Carlos Galán, asesinado en 1989. "Un miembro entusiasta en el Nuevo Liberalismo fue Ricardo Palmera" (Pág. 41). Crearon su propio movimiento, "Causa Común" que se integró a la UP.
Incorporarse a la sociedad civil "Creo yo que al Cesar le cabe el honor de haber lanzado a la UP como movimiento nacional. Esto ocurrió el 16 de junio de 1985 (UP se constituyó en noviembre el mismo año en Bogotá) en Pueblo Bello, Cesar.
Infortunadamente el acto no fue como queríamos y pensábamos que iba a ser.
(...) Dos días antes del lanzamiento comenzaron a llegar a Pueblo Bello agentes de los organismos de inteligencia. Empezaron a hacer preguntas, a pasearse por la población en una actitud un poco provocadora, arrogante, y el mismo día del lanzamiento instalaron un retén en la entrada de Pueblo Bello para pedirle a la gente su documento de identidad".
Un ano año antes se había suscrito "El acuerdo de la Uribe, el Cese de fuego", entre las Farc y el presidente Belisario Betancourt. La idea era que el movimiento armado más grande y antiguo de América Latina dejaría las armas y se incorporaría a la sociedad civil a través de un movimiento político legal, que era la UP.
"En el desfile al entierro de José. Lo llevamos a la universidad porque era profesor allí, una amiga, funcionaria del Poder Judicial, se nos acercó a mí y nos dijo: 'Esto va a seguir. Las órdenes están dadas y ustedes dos están en la mira'. Rodolfo no creía, yo sí. Yo sentí mucho miedo".
Los comandantes de distintos frentes militares regionales salieron del monte para hacer política en la plaza de los pueblos. También a Pueblo Bello llegaron algunos dirigentes farianos, un poco nerviosos e inexpertos en eso, pero con la intención de probar la voluntad de un proceso complicado, con un estado que los había combatido durante 20 años. Pero no encontraron en Pueblo Bello la voluntad suficiente.
Los primeros asesinados "Se juzgó en general como un buen acto, como un evento que marcaba la vida política de la región y quizás iba a ser el comienzo de un periodo de superación de la lucha armada en esa zona".
"Pero pocos días después del lanzamiento de la Unión Patriótica en Pueblo Bello, fueron asesinados allí dos campesinos, pequeños propietarios, dueños de fincas y de ganado en cuyas casas se habían alojado los delegados de las Farc al evento".
"Ellos además eran las personas que habían regalado las vacas para hacer un asado con el que se le dio comida a la gente que asistió", cuenta Imelda (Pág. 52) del saldo del primer acto público de la UP. Pero esto sólo era un comienzo.
Cuando la toma campesina se realizó en Valledupar, los miembros de la UP habían ganado bastante espacio político, no solamente en Valledupar sino en todo el territorio nacional. Imelda había sido elegida concejal en Valledupar. Con los éxitos aumentó la cantidad de asesinados de este nuevo movimiento que todavía se encontraba en su nacimiento.
Pero cuando llegaron 8.000 campesinos (8-12 junio del 1987), Imelda y su grupo de la UP fue sorprendido. Cuenta que la solidaridad de todo el pueblo fue extraordinaria, a pesar de que el ejército había colocado tanquetas en cada esquina de la plaza. Las provocaciones de los uniformados fueron descaradas, escribe, pero ninguno de los 6.000 campesinos agredió a nadie.
"Parecía que querían comernos vivos" Si la simpatía de los habitantes de Valledupar fue grande por los reclamos que tenían los campesinos, la furia de la clase dirigente liberal-conservadora por el otro lado era enorme. Mucha gente comenzó a llegar a la sede de la UP en Valledupar para advertirlos de que algo se estaba planeando. Los rumores hablaban de que la toma campesina en realidad era una toma guerrillera que se "iba a cobrar".
José Francisco Ramírez fue asesinado el 27 de junio, 15 días después de la clausura del paro campesino. Ramírez era el negociador por los campesinos.
Dejó mujer y dos hijas.
En la mañana, al otro día, Imelda encontró en el antejardín de la casa una corona de flores, que en el centro tenía la calavera de un perro y una bandera con los colores de la Unión Patriotica. La advertencia era clarísima.
La dirigencia de la UP pidió una reunión de la clase dirigente del Valledupar. Era casi como rogar a los verdaderos verdugos que "por favor, no más"! Imelda: "Yo insisto en que si la clase dirigente de Valledupar hubiera valorado con inteligencia el aporte nuestro al Paro del Nororiente, mucho dolor se hubiera ahorrado a esa región. Porque después de la muerte de José, nosotros quisimos que ellos entendieran eso y que reconsideran a su actitud, y nos reunimos con todos, representantes del Partido Liberal y del Partido Conservador. Eso fue una reunión de miedo. Parecía que querían comernos vivos. Yo sentía que no había la más mínima garantía para decir nada"! "La respuesta del establecimiento y de la clase dirigente fue violenta. La decisión fue asesinarnos a todos y callarnos por la vía de las armas." (Pág.
69).
"La época del pánico colectivo" El Paro del Nororiente ese año, en junio de 1987, marcó para siempre a las personas que habían comenzado a trabajar en un nuevo proyecto político a principios de la década -80 en el Nuevo Liberalismo, y que habían tomado pasos cualitativos en un viraje a la izquierda, es decir, a la UP. Pero ahora comenzó una "época de pánico colectivo", relata Imelda.
Ellos sólo tenían la palabra, la razón, el discurso como herramienta. Los enemigos de la UP tenían la fuerza, las armas y el descaro de decir que defendían "la propiedad, la familia y la democracia".
"Creíamos que no teníamos vocación de mártires ni de héroes y que nadie estaba dispuesto a morir. Nadie quería la muerte. Nosotros amábamos era la vida. Lo que queríamos era un país mejor, donde pudiéramos vivir mejor" El grupo se dividió. Algunos fueron desplazados a un exilio en el interior, a Bogotá, Bucaramanga o Santa Marta. Pero La Muerte los alcanzó ahí también.
Imelda fue amenazada a poco tiempo de haber llegado a Bogotá. Otros compañeros, como Marco Sánchez, fueron asesinados en Santa Marta. Imelda: Ricardo Palmera: "Un hombre íntegro" "Pero hubo otros que no se resignaron a la inactividad, que no se resignaron a perder el derecho de luchar, que no aceptaron salir al exilio, ni desplazarse a otra ciudad. Eso es cierto. Hubo compañeros que decidieron que en Colombia no había condiciones para luchar por la vía legal, a través de un movimiento cívico amplio, por las transformaciones que el país demandaba, y que para responderle a quienes nos estaban asesinando había que optar por la vía armada. Esos compañeros se vincularon a la insurgencia".
Imelda no estaba de acuerdo con la decisión de estos compañeros, pero los comprendía. Uno de ellos era Ricardo Palmera.
"Para todos fue muy dura la decisión de Ricardo Palmera de vincularse a la insurgencia. Él fue siempre un hombre drástico, exigente con él mismo y con los compañeros, un hombre íntegro.... íntegro. Yo creo que Valledupar no ha parido otro hombre más honrado y más digno que Ricardo Palmera Pineda. Por eso nos dolió que un hombre de esa calidad tomara una decisión que no todos compartíamos. Nosotros creíamos que Ricardo tenía mucho qué dar, mucho qué hacer en la actividad política que pretendíamos desarrollar, y yo creo que lo hubiera hecho".
"Hablar con Ricardo era muy agradable. Era para escucharlo... Un hombre profundo, culto, muy ilustrado. Y creo que si las cosas no se hubieran dado como se dieron, en contra nuestra, Ricardo se habría destacado en la vida política nacional con mucho éxito y habría aportado mucho a las soluciones de los problemas colombianos".
Cuando le llega a Imelda la noticia del compañero Marco Sánchez en Santa Marta, saca su propia conclusión del panorama actual con las palabras: "Definitivamente no hay alternativas. Es cierto que en este país sólo es posible luchar por la vía armada. Entonces, nosotros no tenemos nada que hacer, no hay posibilidades para uno".
A Suecia ida y vuelta Imelda logró a llegar a Suecia, después de primero haber ido a Bogotá, donde fue amenazada de muerte. Salió para el Perú, donde no sabía qué hacer. Tenía amigos colombianos en Suecia. Las autoridades suecas de inmigración fueron impactadas por los relatos de la realidad colombiana para la oposición política legal y le otorgaron residencia permanente a la luchadora social.
Pero la vida del exilio es una pesadilla para aquellos que no lo hayan elegido voluntariamente. En 1996 Imelda regresó a Colombia, aunque a Suecia le llegaban las noticias de que los compañeros seguían cayendo asesinados.
Tenía, ingenua como era, su corazón siempre en su tierra del vallenato y de la costa caribeña. Pero no le fue bien en Colombia, empezaron a llegar otra vez las amenazas de muerte. Regresó a la aburrida tranquilidad en Suecia.
La clase dirigente, la culpable ¿Cuál es su conclusión de la situación actual en Colombia? Ella no vacila.
"Si de hacer juicios se trata, la culpable es la clase dirigente, sin excepción, que lejos de ceder y de buscar soluciones a los problemas que dieron origen a la violencia, se empeña cada día en hacer lo contrario.
(...) Todos los días les dan argumentos a la insurgencia. (...) La violencia tiene unas causas y tuvo un origen. La insurgencia tiene unas causas.
Resolver esos problemas, eliminar esas causas es el único camino que conduce a la superación del conflicto. La clase dirigente no hace eso sino todo lo contrario".
"Sueño un país en donde podamos caminar de nuevo por las calles de Valledupar, en una madrugada después de una parranda, dar serenatas y gritar locuras y cantar versos... como lo hacíamos antes".
Y Ricardo Palmera, pregunta alguien, ¿no era un resentido burgués como la "gran" prensa lo ha descrito? Me puse a pensar en la canción de Willie Colón, "Chica Plástica", a propósito de los sectores democráticos de las clases sociales de la alta sociedad, que dice: "En medio del plástico también se ve la gente que sueña de una Latinoamérica Unida, lo que soñó Bolívar", y me recordé las consignas de Simón Trinidad cuando bajó del avión donado por los norteamericanos: "Viva la lucha de Simón Bolívar"! El ejemplo del exterminio de la UP en Valledupar, lugar natal de Ricardo Palmera, es uno de miles de ejemplos de la guerra sucia que ha manchado toda Colombia de sangre. No solamente los miembros de la UP y el Partido Comunista, sino todo un movimiento popular y social ha enterrado a decenas de miles de los mejores hijos de la tierra colombiana.
Pero ¿qué hubiera pasado con Ricardo Palmera si el Paro del Nororiente se hubiera arreglado en forma civilizada y no a través de sicarios contra los sindicatos, la izquierda, es decir contra todo el movimiento popular; a través del poder del terrorismo de estado? ¿Quién es que tiene odio de clase? En este momento llega a mi buzón del correo electrónico de CNE, la agencia de noticias de la presidencia, que dice que el presidente Uribe, antes de partir para la sesión extraordinaria en Monterrey, México, dijo "que la lucha contra el terrorismo es definitiva para consolidar las democracias del continente y el crecimiento económico con equidad social, y para construir una comunidad fraterna, solidaria, sin odio de clases".
En los noticieros a las 19.00 dijeron que Uribe en Monterrey va a ilustrar sus palabras con la captura de Simón Trinidad en una calle de Quito.
¿Será que también va a hablar sobre la intolerancia de las clases sociales que lo designaron presidente de la república y pedirles a ellos que por lo menos reduzca un poco su "odio de clase"? Nota: 1) Imelda Deza es actualmente concejal por el partido gobernante, la socialdemocracia, en el municipio de Jönköping, en el departamento de Småland, en el sur de Suecia.
2) La periodista de IPS, Constanza Vieira, publicó un artículo basado también en los antecedentes del libro "Baile Rojo", uno de los pocos textos que en verdad describe los antecedentes de la decisión de Ricardo Palmera de integrarse al movimiento guerrillero de las Farc.