23 de octubre del 2002
Uruguay: El suicidio es un emergente
Milton Romani Gerner
La República en la Red
¿Qué quiere decir esto? Que se trata de un acontecimiento que
expresa no sólo una decisión individual (quitarse la vida) sino
un indicador de los valores y de la forma que vive y siente una comunidad. Es
tan duro el mensaje del suicida, que generalmente se niega atribuyéndolo
a una locura personal. Emile Durkheim, considerado el padre de la sociología
moderna, dedicó su primer trabajo científico a aislarlo precisamente
como "fenómeno social". Comparó distintos países europeos
y pudo ver que cada uno tenía una constante de suicidios; peculiar de
esa población e hipotetizó sobre los valores religiosos dominantes
en cada una de ellas. ¿Cuáles son los valores distintivos que están
presentes para que Uruguay ostente esta realidad? Desentrañarlo es un
desafío colectivo. Fui voluntario en la ONG Ultimo Recurso (línea
abierta para prevención del suicidio). Allí aprendí que
si hay alguien que escucha del otro lado, se evita una decisión fatal.
Que más que matarse, el potencial suicida quiere cambiar intempestivamente
una situación que vive como insoportable. Su régimen de visibilidad,
su mirada, se estrechó, no puede ver otras cosas. Escuchar y ampliar
la mirada son algo más que técnicas terapéuticas. Son valores
culturales a producir entre todos.
Uruguay ostenta un triste récord: es el primer país en tasa de
suicidios en América Latina y oscila entre el cuarto y el séptimo
del mundo. Promedialmente, 500 compatriotas se autoeliminan al año. Debiendo
considerar los intentos fallidos multiplicando esa cifra por ocho. Se suicida
un uruguayo/a por día y en algunos meses dos. Hay más suicidios
que homicidios. Dos premisas se consideran en este drama social. Hay un monto
de agresividad mal tramitado: el suicida en vez de echar la angustia y la bronca
hacia fuera la dirige contra sí mismo. Otra: es un pedido de auxilio.
Que se anticipa claramente con señales que no son escuchadas o son mal
interpretadas por el entorno. La cadena se quiebra por el eslabón más
débil:
muchos otros en las mismas condiciones no se suicidan. Se necesita un individuo
con predisposición singular para suicidarse. Cuando alguien elige matarse
en el ámbito parlamentario y luego se conoce una ¡¡Asociación
de suicidas!! es algo que debe recibirse como una responsabilidad colectiva
de enorme prioridad, en primer lugar del sistema político. Algo nos está
diciendo no sólo de la situación singular, sino de todos nosotros,
de nuestra convivencia. De cómo resolvemos la vida y sus conflictos.
No podemos mirar para otro lado. Es posible cambiar esto.
¿Es un rasgo inevitable, "natural" de la cultura uruguaya? No. Lo que llamamos
"mentalidades", la subjetividad, se produce. No es un designio divino. Hay producción
de subjetividad. Cuando se promueve desde el Estado y los medios de difusión
el individualismo, el consumismo y el modelo de la competencia, se produce subjetividad.
La impunidad es una forma simbólica potente de producción. El
secreto (de información, bancario, del Hábeas Data parcial que
abre pero cierra) es otro recurso cultural producido. El discurso de la tolerancia,
llevado al paroxismo de tener que tolerar que el Presidente diga que nos endeudemos
y luego devalúa, es una forma patética de no procesar la bronca.
Los argentinos patalean... acá somos educaditos... Hasta los ahorristas
estafados se prestan para ser ¡¡accionistas de bancos con un futuro "promisorio"!!!
Claro... también algunos se suicidan...
El Presidente de la República se caracteriza precisamente por no escuchar.
Todo es una debacle. Se ha demostrado que las ideas del doctor Batlle han sido
un error y un horror y él persiste locuaz, frívolo, con su peculiar
absurdo optimismo que se parece más al de un playboy insensible que al
de un jefe de Estado.
Quería mantener a su obcecado contador Bensión. Firmó y
pactó a espaldas del país acuerdos con los socios del Banco Comercial
que luego demostraron que eran unos irresponsables e insensibles. Hizo campaña
contra el FA estigmatizando su propuesta impositiva y nos mata a impuestos de
todo tipo. Luego de ese fracaso estrepitoso de su política de "insertar
al Uruguay en el mundo globalizado", tendría que, por un mínimo
de honestidad intelectual y cívica, haber renunciado. Decir simplemente,
"me equivoqué; dejo paso a otro". Pero no. Insiste. Nuevos préstamos
que impondrán nuevas cargas fiscales. Nuevas devaluaciones. Nuevas genuflexiones.
Lastimoso, no escucha y tampoco genera confianza.
Nuestro FA, debo pensar, ha sido "enano". No ha estado a la altura: si la cosa
es de Emergencia, de sumergidos, de hundidos, no puede estar diciendo re-re,
para pedir que renuncie el Presidente y todos sus ministros. Es necesario enviar
una señal contundente: nosotros estamos dispuestos a hacernos cargo ¡¡ahora!
de la situación. No sé cuáles son los mecanismos legales
y constitucionales para desalojar ya el bloqueo infame que impone la coalición.
Para que se vayan. Pero no podemos seguir elaborando Planes de Emergencia que
ofician como un conjunto de buenas intenciones y sean mensajes ambiguos. Repito:
si tenemos estos emergentes, es porque la cosa no da para más. No podemos
al mismo tiempo decir: esperen.
¿Crisis? Fundamentalmente de carácter político. Lo económico
es subsidiario.
¿Qué se va a hacer con las divisas que empiecen a ingresar por carne
y lana hoy competitivas? ¿Fugarán? Eso es político. Sin embargo
hay otro que es previo.
El gobierno de coalición es un acuerdo programático (hoy incumplido)
pero fundamentalmente es una alianza de sobrevivencia individual y familiar
del personal que lo sustenta. En criollo: muchos chupando de la teta del Estado.
Personal político enquistado, cuya resistencia es visceral.
Porque con los grandes poderes económicos o los organismos internacionales
de crédito hay margen para negociar; el mundo y la región están
cambiando. La única salida económica no es la que presentan los
fanáticos locales de la Jihad Neoliberal.
Hay otras. Joseph Stiglitz que expresa otro enfoque dice, por ejemplo, que los
economistas deberían tener (como otras disciplinas) un Código
de Etica. Que al menos tuviese dos postulados. Uno: que no se recomienden políticas
económicas que no estén verificadas. Dos: que nunca se afirme
que su política es la única posible, porque siempre hay diversas
alternativas. Esto sí es ampliar la mirada.
Acá, precisamente el gobierno se empeña en estrecharla e intensifica,
construye, dispositivos de catástrofe. "Si no hacemos esto es el abismo".
Muestra de ello fue el viernes negro del 2 de agosto. Se urdió un plan
para generar pánico y dejarnos sin voz. ¿Dónde las hordas de saqueadores?
Ministro Stirling ¿dónde está la superorganización recontrasubversiva
que usted denunció? Nos tomaron el pelo y no supimos patear el tablero,
mantener la firmeza. Hay veces que la forma de actuar en emergencia es decir:
basta, ustedes no sirven para esto. Porque si no, tramitamos mal la bronca.
Y ella, evitablemente, puede volverse contra nosotros.