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Argentina: La lucha continúa

30 de septiembre de 2002
Autogestión de Trabajadores en una Perspectiva Histórica

James Petras y Henry Veltmeyer
Traducido para
Rebelión por Gabriela García Cedro.

Introducción

La autogestión de los trabajadores (AGT) ha resurgido como un movimiento principal en Argentina, particularmente este año con más de 200 fábricas organizadas y controladas por sus obreros y un co-coordinador nacional de empresas autogerenciadas en el proceso de ser organizadas.
Históricamente, el AGT ha sido la pieza central del proyecto socialista, se retrotrae a la famosa frase de Karl Marx "la emancipación de los obreros sólo puede ser llevada a cabo por los mismos trabajadores." En este sentido, AGT como el camino hacia el socialismo se alza en contraste con el centralismo burocrático de la primera Unión Soviética y su sistema jerárquico de gerenciamiento capitalista. Este ensayo examinará brevemente las enormes potencialidades del AGT y luego repasará algunas experiencias históricas durante el siglo XX para señalar algunas lecciones históricas que son relevantes para la actual experiencia argentina.

Potencialidades del AGT AGT es verdaderamente una experiencia liberadora, tanto en el sentido de liberar a la clase trabajadora del abuso e inseguridad capitalistas como de proveer a los trabajadores de la libertad de crear nuevas formas de relaciones sociales de producción y distribución. Formulado brevemente, el AGT brinda a los trabajadores el poder de tomar decisiones para:
1) decidir qué y para quién se producirá
2) salvaguardar y/o aumentar el empleo
3) establecer prioridades sobre lo que es producido
4) definir la naturaleza sobre quién obtiene qué, dónde y cuándo
5) combinar la producción social y la apropiación social de los beneficios
6) crear solidaridad de clase en la fábrica, a nivel sectorial o nacional/internacional
7) democratizar las relaciones sociales de producción
La experiencia argentina con los AGT ejemplifica algunas de esas potencialidades. En la fábrica textile Brukman y la fábrica de cerámicas Zanon tanto como en las empresas AGT establecidas por los obreros desempleados en Solano y otras zonas, las decisiones sobre producción y distribución son tomadas por la asamblea de todos los trabajadores (ver Entrevistas por Mario Hernández 23-08-02 FSM (La Casona). El alto grado de solidaridad es evidenciado en el slogan popular "Tocas a uno, tocas a todos").
Históricamente, la realización de las potencialidades del AGT ha encontrado tanto éxitos limitados como fracasos. Es útil revisar algunas de las principales experiencias de los AGT en diferentes contextos históricos.

Casos históricos del AGT: Yugoslavia, Chile, Bolivia, Perú

El AGT ha tomado poder en varios países en diferentes momentos y contextos. Examinaremos cuatro casos: Yugoslavia, Chile, Bolivia y Perú y resaltaremos sus puntos fuertes y sus debilidades.

Yugoslavia

AGT fue la doctrina oficial del régimen socialista yugoslavo entre 1950 y la desintegración de la Federación Yugoslava. A lo largo de Yugoslavia las principales fábricas estaban bajo el sistema de AGT, obteniendo una influencia mayor sobre la producción y el ingreso que en cualquier otra parte de los primeros países socialistas. Salud y educación gratuitas y seguro de empleo estaban garantizados por el AGT. El movimiento del AGT en Yugoslavia surgió de la derrota del fascismo, la ruptura del presidente yugoslavo Tito con Stalin y la Unión Soviética y la revolución socialista. El AGT atravesó varias fases, en el primer período, 1950-64 operaba en el nivel de la fábrica como el Partido Comunista controlaba la política nacional; desde 1965-1972 bajo la "reforma del mercado", las fábricas de los AGT comenzaron a ser afectadas por las presiones capitalistas, surgiendo mayores inequidades sociales entre las fábricas y los sectores económicos como así también el desempleo; en el período que abarca 1973-1990 la invasión del chauvinismo étnico, presiones del FMI y la degeneración del partido comunista de Yugoslavia condujeron a una eventual extinción del AGT.
El temprano éxito de los AGT en el experimento yugoslavo con los AGT por más de 30 años se debió a la lucha de las masas que precedieron al AGT durante el período anti-fascista y antiestalinista, que politizó y movilizó a la clase trabajadora y promovió la conciencia de clase y la organización. Las limitaciones del AGT yugoslavo se deben a que éste siempre estuvo limitado por el hecho de que el estado permanecía en manos del partido comunista que limitaba la extensión del AGT a niveles locales o sectoriales, y en consecuencia creaba un sistema dual de poder entre el estado burocrático y los movimientos de base del AGT de las fábricas. Cuando la burocracia se volcó sobre
el mercado y luego sobre la política étnica se socavó el sistema del AGT.

Chile

En Chile, bajo el gobierno de Allende (1970-73) más de 125 fábricas estaban bajo el sistema del AGT. Cerca de la mitad controlada, en su mayoría, por funcionarios públicos, el otro cincuenta por ciento por comisiones de trabajadores en las fábricas. Estudios demostraron que las fábricas bajo AGT eran mucho más productivas, eficientes y con menos ausentismo que las fábricas estatales bajo gerenciamiento centralizado. El movimiento AGT creó "cordones industriales" que coordinaban la producción y la auto-defensa contra los ataques capitalistas. En las fábricas exitosas controladas desde abajo, las disputas entre el partido y el sindicato estaban subordinadas al poder de las asambleas populares en las cuales todos los trabajadores de la fábrica participaban. El AGT defendía a las fábricas del cierre, protegía el empleo de los trabajadores y mejoraban bastamente las condiciones sociales de trabajo. Más importante, propulsaba la conciencia política de los trabajadores. Desafortunadamente, los AGT tuvieron lugar bajo un régimen socialista parlamentario y un estado capitalista. El AGT creaba una situación de poder dual entre el poder de los trabajadores corporizado en las fábricas y los cordones y, por otro lado, el aparato de estado militar-burgués. El gobierno de Allende trató de equilibrar entre los dos centros de poder, rechazando fortalecer o reprimir a los trabajadores. El resultado fue el golpe militar de 1973 que llevó a la caída de Allende, la destrucción del movimiento de los AGT. La lección fue clara: como el éxito de los AGT avanzaba y se expandía por todo el país, la desplazada clase capitalista y terrateniente recurrió a la violencia y a la represión para recapturar el control sobre los medios de producción. Los capitalistas primero intentaron sabotear la distribución y producción mediante huelgas de camioneros, luego intentaron bloquear el financiamiento y, finalmente, recurrieron al ejército y la dictadura. El AGT procuró presionar a Allende para que actuara decisivamente frente a la amenaza inminente pero él estaba ciegamente comprometido con los procedimientos parlamentarios y los AGT fueron vencidos. Si los AGT en Chile tanto como en Yugoslavia se hubieran movido de la fábrica o bases sectoriales para tomar el poder estatal, los trabajadores habrían estado en una posición superior para defender el sistema de los AGT.

Bolivia

El sistema de autogestión de los trabajadores en Bolivia surgió de la revolución popular de 1952, cuando una alianza entre mineros con conciencia de clase, campesinos y pequeños burgueses nacionalistas derrocaron el régimen oligárquico pro-imperialista. En la primera fase de la revolución, las milicias de trabajadores y campesinos eran capaces de destruir el ejército, expropiar las minas y realizar la redistribución de la tierra. Las milicias armadas de los trabajadores, a través de sus asambleas y uniones, sin embargo, estaban geográfica y políticamente confinadas a sus fortalezas en la montaña y aislados de la masa de campesinos, que quedó bajo la influencia de la pequeña burguesía nacionalista (Movimiento Nacionalista Revolucionario – (MNR)) que ganó control del gobierno y reorganizó un estado burgués. Esto creó un sistema de poder dual que llevó a intensificar el conflicto en el período post-revolucionario. A lo largo de los ’50 el Movimiento Obrero Boliviano tomó acción militante, huelgas generales, confrontaciones armadas para defender los beneficios de la Revolución, mientras el MNR burocratizaba y nacionalizaba minas estableciendo una Compañía Minera Estatal, COMIBAL, que efectivamente tomó control lejos de los trabajadores mientras retenía la propiedad estatal. En 1964, un golpe militar llevó temporariamente a la ocupación militar de las minas. Sin embargo, una alianza entre trabajadores y campesinos con el gobierno progresivo militar de J. J. Torres en 1970 condujo a un resurgimiento del poder popular en la Asamblea Popular Nacional. Mientras la Asamblea aprobara la legislación revolucionaria, no tenía poder estatal. Un golpe militar comandado por el General Banzer disolvió la Asamblea y destruyó efectivamente las milicias de los mineros.
Las lecciones de la experiencia boliviana son que los AGT en un solo sector (minería) son vulnerables si no forman alianza con otros sectores populares; que una Asamblea Popular Constituyente sin el respaldo del estado o de la milicia popular es vulnerable a un golpe. La tercera lección es que la estatización de las fábricas controladas por trabajadores puede terminar en pequeños burgueses tecnócratas y burócratas tomando el control alejados de los trabajadores y centralizándolo en el aparato estatal y corriendo las empresas públicas como una firma capitalista.

Perú: La revolución desde arriba

En 1967 un grupo de oficiales militares nacionalistas progresistas liderados por el General Velasco Álvarez tomó el poder. El nuevo régimen expropió un gran número de minas, fábricas y plantaciones y estableció dos tipos de innovaciones: cooperativas industriales y comunidades industriales. Las cooperativas industriales estaban basadas en la participación gerencial de los trabajadores y condujeron a un significativo crecimiento de los beneficios productivos y socio-económicos, pero luego la dirección política marginó o cooptó a los representantes de los trabajadores. Las comunidades industriales supuestamente eran una forma de coparticipación entre oficiales militares y trabajadores, pero de hecho, los oficiales militares retuvieron tanto el control centralizado de la propiedad capitalista previa tanto como los salarios diferenciales. Como los trabajadores se dieron cuenta de que las comunidades cooperativas e industriales organizadas desde arriba no operarían a favor de sus intereses, se organizaron para democratizarlas y asegurar un control y equidad mayores, recurriendo frecuentemente a huelgas contra sus propias empresas. Eventualmente, bajo reglas neo-liberales, las fábricas y plantaciones fueron re-privatizadas y la legislación laboral progresiva bajo Velasco fue abrogada. La lección de Perú es que la estatificación o nacionalización desde arriba reproduce la estructura jerárquica del capitalismo y margina el rol de los trabajadores en el sector público. Los beneficios sociales obtenidos por los trabajadores en la batalla son luego reducidos por los burócratas a cargo, quienes operan con criterio capitalista. La corrupción y la mala dirección por los burócratas y la falta de control de los trabajadores llevan a la desnacionalización y privatización.

Las experiencias históricas y Argentina Varias lecciones importantes de las experiencias pasadas con los AGT son relevantes para el creciente número de fábricas gerencialas por los trabajadores.

El éxito de anteriores fábricas gerenciadas por trabajadores se basó sobre estructuras horizontales basadas sobre asambleas populares. Las operaciones exitosas en Chile y Yugoslavia estuvieron basadas sobre consejos de trabajadores y asambleas en las fábricas.
El éxito de un sector, minería en Bolivia, manufactura en Chile, dependió de la extensión de los AGT a otros sectores y alianzas con otras clases, un fenómeno que las vanguardias trabajadoras fallaron en consumar.
Las victorias locales y el poder dual exaltaron la conciencia de clase y mejoraron las condiciones de trabajo, pero también provocaron reacciones violentas de la clase dominante. La falla de los AGT en Bolivia y Chile para trasladar el poder local al poder estatal condujo a la represión burguesa vía golpes militares: control enfrentado o poder dual es una situación inestable y temporaria que inevitablemente es resuelta por el cuestionamiento del poder estatal.
El contexto para el crecimiento de los movimientos de AGT varía de país en país y bajo condiciones específicas. En Yugoslavia, el AGT comenzó con la guerra anti-fascista de los trabajadores y culminó con la ocupación masiva de las fábricas bajo la dirección del partido comunista yugoslavo. En Chile, los AGT fueron el resultado tanto de la política gubernamental como de la intervención de los trabajadores para prevenir los cierres capitalistas y el sabotaje. En Bolivia, los AGT surgieron de una insurrección popular anti-oligárquica. Sólo en Yugoslavia los AGT consolidaron el poder por más de tres décadas y esto es, en gran parte, porque el poder estatal estaba en manos de un partido comunista no-stalinista. El AGT, a fin de consolidar y operar necesita pasar de lo local a lo nacional, de la fábrica al estado, de los trabajadores industriales empleados a los desempleados, la juventud, las mujeres, las minorías étnicas.
El crecimiento del movimiento AGT de Argentina, particularmente en las fábricas ocupadas y en las empresas organizadas por los movimientos de trabajadores desempleados el MTD ha abierto un amplio debate sobre la estructura, la trayectoria y las políticas del movimiento. En el debate en el Foro Social Mundial sobre "Emprendimientos Productivos, Propuestas Obreras Desocupación y el Cierre de Empresas", se vio claramente, a partir de las intervenciones de trabajadores de Grissinoppoli y Bruckman, que las tomas de los trabajadores eran el resultado de la necesidad, no de la ideología: los trabajadores no habían cobrado por varios meses y cuando se les pagaba, su paga era reducida; los dueños estaban vaciando la fábrica y desmantelando la maquinaria, etc. En otras palabras, la toma de los trabajadores fue un acto desesperado para salvar sus empleos. Una vez que las fábricas estuvieron organizadas, los trabajadores más politizados en asambleas generales propusieron que los trabajadores organizaran la producción y las ventas sin los capitalistas. Más tarde, el desplazamiento hacia una fábrica AGT atrajo a economistas y profesionales quienes ofrecieron consejo técnico sobre cómo operar la fábrica. En el transcurso de este desarrollo, como declaró Ivana de Grissinoppoli, "nosotros estamos aprendiendo todos los días... la lucha es larga... pero estamos aprendiendo a sortear los obstáculos porque escuchamos y entendemos a cada uno". La lucha y la práctica del autogerenciamiento están creando la conciencia de clase mucho más después de la ocupación de la fábrica que antes. La experiencia argentina con los AGT en los trabajadores desempleados está llevando a nuevas formas de organización social, asambleas populares. Como Valdemar notó (MTD-Solano), los principios organizacionales directrices del movimiento son: democracia directa, horizontalidad y autonomía. La desconfianza en la democracia representativa se funda en las anteriores experiencias barriales y sindicales donde los líderes eran comprados o corrompidos. Como lo sugieren nuestras discusiones previas sobre las experiencias en Perú y Bolivia, esto es un problema real.
Los movimientos AGT, particularmente entre algunos de los activistas en las fábricas ocupadas, son concientes de la necesidad de solidaridad con otros movimientos y sectores populares. Por ejemplo, frente a la amenaza de desahucio por el estado, ellos han convocado a las asambleas vecinales y el movimiento de desempleados para unirse en la defensa de su lugar de trabajo. La coordinación creciente entre el movimiento de trabajadores en fábricas ocupadas y el de trabajadores desempleados ha aumentado, particularmente en momentos de crisis y frente a la creciente represión del estado. Como reconoció Héctor (MDT de Guernica), la amenaza de militarización está imponiendo la necesidad de una unidad popular más amplia entre fábricas, asambleas y MDT.
Alguno de los líderes del movimiento de trabajadores desempleados no sólo comprende los límites de las islas de los AGT en un mercado capitalista, sino también proyecta la necesidad de participar activamente en la lucha política general a nivel nacional. Como manifestó Martino de la MTR en el encuentro del FSM, además de resolver problemas inmediatos y reconocer la importancia de la construcción del poder local es importante comprender que ese poder local está ligado a la construcción de una fuerza política, una fuerza social nacional. La construcción de alianzas entre el movimiento de trabajadores desempleados y los AGT en las fábricas ocupadas es descrita por un delegado de Zanon en los siguientes términos sinópticos: durante la ocupación inicial de la fábrica, los obreros desempleados organizados se unieron para defender la planta de cerámica contra los esfuerzos de los primeros propietarios por desalojar a los trabajadores por la fuerza, llamando a la policía. La resistencia de la masa unida los bloqueó efectivamente. Subsecuentemente, cerámicas Zanon, un producto reconocido y prestigiado, expandió su producción y luego contrató diez trabajadores entre los desempleados del movimiento.
El movimiento AGT organizó dos eventos nacionales, una marcha el 24 de agosto de 2002, involucrando a más de 3.000 trabajadores y delegados de fábricas ocupadas apoyados por la CGT disidente, demandando el control por parte de los obreros sobre las unidades productivas que están en bancarrota, que no se encuentran en sus nóminas, echan trabajadores o están vendiendo maquinaria y equipamiento.
El movimiento AGT sin embargo, está en medio de un debate principal sobre varios asuntos:
la forma de las empresas ocupadas, ¿cooperativa o autogerenciada por trabajadores?
¿Las alianzas, deberían incluir políticos de los partidos tradicionales, no partidarios (autónomos) o sólo partidos de izquierda (y cuáles)?
¿La perspectiva debería tener un enfoque exclusivamente local, regional, sectorial o nacional?
Las experiencias históricas anteriores nos proveen de algunos lineamientos:
Primero, las alianzas con partidos tradicionales han servido para cooptar líderes, para aislar los AGT de una batalla mayor y para burocratizar la estructura interna. Las alianzas más exitosas son las alianzas horizontales, redes de trabajadores y clases populares organizadas en asambleas y con una perspectiva de clase en pos de una transformación del poder estatal.
Segundo, mientras las cooperativas han mejorado los estándares de vida de sus miembros, usualmente han encontrado un nicho en el sistema capitalista. En un tiempo cuando cerca del 60 % de la población está por debajo de la línea de pobreza y cuatro millones de niños de los 8 millones por debajo de la línea de pobreza están sufriendo desnutrición y enfermedades afines, la necesidad política es ir más allá de "islas" de éxito hacia cambios básicos en la estructura socio-económica, una transformación del capitalismo salvaje hacia un socialismo autogerenciado por los trabajadores.
En tercer lugar, mientras la autonomía de los desempleados y los movimientos AGT es positiva en la medida en que rechaza la tutela estatal y el control partidario, sería un error repeler alianzas con los partidos de izquierda y otros movimientos sociales que comparten objetivos y tácticas de acción directa comunes. El ejemplo de Bolivia con su alto grado de conciencia de clase pero con el sector minero aislado es un ejemplo de cómo la autonomía llevada a su extremo es auto-destructiva.
Cuarto, hay con suerte entre 100.000 y 200.000 trabajadores desempleados organizados y en acción y aproximadamente de 5 a 6 millones de desempleados y sub-empleados que están desorganizados.
El éxito de la organización política y social de las clases populares en los AGT y los movimientos de desempleados como hemos visto en otros países, provoca represión y violencia por parte de las clases dominantes. En cierto punto, como los movimientos crezcan y se unan a partir del ímpetu inicial, tendrán que establecer mecanismos de auto-defensa y varias formas de resistencia para evitar el destino que tuvieron los movimientos AGT de Chile y Bolivia.
La clave del éxito de los AGT en Argentina depende de la profundización de los lazos de las redes existentes con las asambleas vecinales, los miembros de sindicatos y la organización de los desorganizados. La unidad de acción es la máxima prioridad en tanto la crisis se profundiza, cierres de fábricas se multiplican y la represión aumenta. La política básica de la solidaridad "el tocas a uno, tocas a todos" es un buen punto de partida para la tarea de crear movimientos políticos nacionales capaces del desafiar el poder estatal.